Una higiénica venganza

Conocida es por todos la capacidad que tienen mis amigas para lograr lo que se proponen. Y en la mayoría de los casos lo consiguen sin apenas esfuerzo. Pero el problema surge cuando algunas de ellas no son tratadas como estiman que merecen. Ahí sale la parte oscura de mis amigas, las que follan. Y mucho…

Es el caso de la protagonista de este relato, cuya relación con el chico con el que se veía asiduamente no fue como ella preveía. Bien es cierto que no era el único en su vida, puesto que no solía dudar en aprovechar las ocasiones que se le presentaban por delante (sobre todo si el influjo de la cerveza le alteraba los sentidos).

El caso es que su amigo se enteró de su vida disoluta y quiso poner fin a la relación. Algo que mi amiga, muy orgullosa ella, no consintió de ninguna de las maneras. Y como el chico no estaba dispuesto a reconciliarse con su ya exenamorada, fue como si se despertara la ira de los dioses. Fue la apertura de la caja de Pandora.

Mi amiga, muy hábil ella, no sólo se desprendió de todo lo que tenía de él en su casa, sino que algunas de las posesiones que el chico conservaba en su propia vivienda aparecieron todas juntas en la calle, junto al portal, como si se tratara de la típica estampa de una película de celosas y atormentadas parejas.

Pero mi amiga no se quedó ahí con la venganza por su despechado amor. Y es que decidió que la siguiente bebida que el chico tomara estuviera aderezada con un sugerente producto laxante. Sí, de los de farmacia. Y en buena cantidad…

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