Una chica que rompe con todo

A mis amigas la felicidad a veces se les va de las manos. O mejor dicho, la fuerza. Porque cuando están con un chico en pleno festival amoroso se les olvida que las leyes físicas están para cumplirse.

Por eso cuando mi amiga estaba con un chico en la casa de él, no podía imaginar que por conquistar al dueño de la vivienda iba a obtener su peculiar trofeo. Así llamó ella al cabecero de la cama cuando se le quedó en las manos después de que se desenganchara del resto del mueble. Y ella de él…

Un premio que no volvió a repetirse… en esa casa. Y es que el chico decidió cambiarse de piso, no sabemos si para evitar más destrozos en la vivienda, pero el caso es que mi amiga conoció una nueva cama. Allí no fue el cabecero el perjudicado por la furia sexual de la pareja. En este caso fueron las patas las que sufrieron el empuje, y nunca mejor dicho, de mi amiga y su chico. Y no, no es que ellos sean voluminosos. Todo lo contrario.

Quizá a mi amiga le gusta romper con todo, porque no cansada de destrozar dos camas en sendos pisos, llegó a protagonizar un nuevo estropicio. La tercera vivienda que conoció de este chico también sufrió las acometidas de la pareja, aunque en este caso fue algo más suave y sólo se partió una tabla del somier…

Me consta que el chico sigue en el tercer piso, pero, en el caso de cambiarse otra vez, ¿volverán a destrozar otra cama? ¿Serán la nueva imagen de Ikea? ¿Se comprarán una cama de agua o de acero?

Algún día lo sabremos…

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