Sexo, suero y paracetamol

Con este título define mi amiga una experiencia que tuvo en un hospital cuando fue a visitar a un chico que estaba allí ingresado. Porque tal y como ella asegura, no es enfermera, sólo estaba de visita. Está claro, porque mis amigas que pertenecen al sector sanitario son unas profesionales, y aunque alguna alardea de tocar pitos cuando trabaja, lo hacen con mirada técnica…

El caso es que según cuenta la protagonista de este relato, fue a ver al chico, que llevaba mes y medio postrado en la cama. “Y las ganas apretaban”, asegura ella entendiendo las necesidades de todo aquel que pasa las horas en una cama de hospital. Así que cogieron el suero y demás artilugios que debían acompañar al enfermo y se fueron al baño.

Cuando terminaron de aliviar las ansias del paciente, ambos volvieron a la habitación y el chico se tumbó de nuevo, mientras mi amiga colocaba todo cuidadosamente en su sitio.

Pero al poco tiempo vino una enfermera y se extrañó del nivel del suero. “Esto tenía que durar hasta la noche y te lo has acabado ya”, dijo ella, mientras lo cambiaba, ante la cara de circunstancias de la satisfecha pareja.

¿Y qué había pasado para tal consumo de suero? “Mientras estábamos en plena faena, vimos que no caía nada y abrí la ruleta”, recuerda mi amiga, que en ese momento se había convertido también en la asistente sanitaria de su conquista.

Por eso cuenta que aquella experiencia fue “un chute de sexo, suero y paracetamol”. Son así mis amigas, no sólo exprimen a los chicos, sino que incluso algunos tienen que recibir ayuda extra.

Algo que, esperemos, no tuviera que ver nada con aquella canción de La Polla que hablaba de ‘Herpes, talco y tecno pop’…

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