“Quiero ir a la playa”

Es lo que repetía una y otra vez el ligue que se echó una amiga. “Quiero ir a la playa, quiero ir a la playa”. Y lo consiguió, porque ella aquella noche quería hacer todo lo que el chico le pidiera, pese a que lo acababa de conocer y el mar más cercano estaba a tres horas del lugar donde había nacido la pasión. Y en otro país…

Pero eso daba igual. Allí se fueron los dos cuando aún estaba amaneciendo y pocos bares quedaban abiertos. Y lo más curioso es que ninguno de los dos tenía dinero suelto, apenas un euro es lo que llevaba mi amiga, así que la aventura comenzaba con riesgo.

Y con problemas, porque en la frontera se encontraron con un control de la policía que ponía en peligro su incursión playera. Se daba la circunstancia de que mi amiga aún estaba perjudicada por el alcohol… y él no tenía los papeles en regla.

Menos mal que el chico sabía un atajo y pronto esquivaron a los agentes, sin que ellos se percataran de que la pareja que les regateaba era un trofeo para la DGT (y para la Policía Nacional).

Pero por fin llegaron a la playa y allí se pudieron echar un baño y otras cosas. Después se fueron a comer (todo pagado por mi amiga con su tarjeta, para que luego no se diga que ellas no se portan bien a veces) y, por fin, de vuelta a la ciudad (y país) de origen (de mi amiga).

Pero mientras tanto, se estaba desarrollando una aventura paralela puesto que las amigas de la ebria conductora se empezaron a preocupar porque no sabían nada de la triunfadora (que estaba acordándose, seguro, de ellas…).

Entre todas empezaron a especular con lo que había podido pasar, a la vez que dejaban a los padres de la viajera al margen (no sé por qué, si seguro que se hubieran divertido mucho con su aventurera hija). Evidentemente, no había batería en el móvil.

Al final del día, cuando la excursionista llevaba más de 24 horas sin aparecer por casa, pudo resolver todas las dudas de sus preocupadas amigas. Eso sí, la protagonista seguía sin dinero para tomar una caña con ellas porque con el euro no le llegaba.

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