¿Qué hay que hacer para impresionarte?

Esta pregunta posiblemente haya cambiado la vida del chico que tuvo la ocurrencia de hacérsela a una de mis amigas, en una fría noche a la salida de un bar. Porque él llevaba ya casi una hora intentando que ella le hiciera caso, pero no había forma.

“Dame tu Facebook, dame tu Twitter, dame tu número de móvil…” Mi amiga a todo decía que no. Y aprovechando que era mayor que él (sí, mis amigas tienen la extraña costumbre de atraer a los jóvenes cada vez con más asiduidad), le intentaba tomar el pelo diciéndole: “Es que yo soy de las de antes, sólo tengo teléfono fijo en casa”.

Entonces, al chico no le quedó más remedio que hacer la pregunta: “¿Qué hay que hacer para impresionarte?” Y como si el mundo se parara, mi amiga se puso seria y dijo: “A mí con que me coman el coño me quedo tranquila”.

El se quedó sin palabras, ella blanca porque no se creía que hubiera sido capaz de responder así. Y después de unos instantes en silencio, el chico aprovechó para ir a la carga. “Cuando quieras, cuando quieras. Y te echo un polvo como nadie te lo ha echado”, decía totalmente excitado.

Mi amiga apenas podía salir ya del embrollo en el que se había metido, por lo que sus negativas apenas tenían consistencia: “Tú no me vas a echar nada. ¿No ves que es una cuestión de edad?” La respuesta del chico estuvo casi a la altura de la de mi amiga: “No es una cuestión de edad, es una cuestión de la punta de mi polla”.

Después de este intercambio de ‘indirectas’ tan soez, mi amiga desapareció, aunque esa misma noche le volvieron a hacer una proposición algo extraña. “Te voy a dar algo que nadie en este bar te puede ofrecer”, le dijo otro chico. La respuesta fue también sorprendente (y tras ella otra vez a huir): “Dos hijos criados”. Y entonces el joven le enseñó las fotos de sus niños…

Esto no ha de sorprender puesto que mis amigas son así. Para otra su gasolinera preferida era BP, puesto que a ella le parecía que significaba (en la forma más sutil de decirlo) ‘bájate al pilón’. Otra tenía la manía de tocar al telefonillo y en lugar de decir su nombre, sólo gritaba: “¡Potorro!”

Ahora, estas chicas me insisten en que ya han sentado la cabeza y que no hacen estas cosas. ¿Quién las cree?

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