A dormir al suelo

Ahí estaba mi amiga, en plena excitación sexual, con el chico que había conquistado aquella misma noche. No lo conocía de nada, pero eso no era excusa para que después de una jornada en la que habían pasado por mil bares y bebido más de la cuenta, él se ganara el derecho a subir a su casa.

Pero cuando estaban los dos entregados con total pasión… algo falló. El chico comenzó a sentirse mal por la gran ingesta de alcohol que había hecho durante buena parte de la noche y no tuvo tiempo de salir corriendo hacia el cuarto de baño.

Sí, vomitó en la cama, casi encima de mi amiga, que no se podía creer lo que le estaba pasando… Así que rápidamente saltó hacia fuera y evitó que se viera salpicada por ese grumoso elemento.

Pero ahí no acabó la cosa, porque después de que la protagonista limpiara todo lo que había manchado el chico, mientras él se recuperaba del mal momento, decidió que el joven iba a dormir en el suelo.

Así que mi amiga pudo dormir sola plácidamente en su cama mientras él, todavía en mal estado, se acostaba en el frío suelo, donde no dejaba de gritar y quejarse como si le hubieran clavado una espada (curioso, él es el chico).

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“Estas cosas no se hacen aquí”

¿Qué hacen mis amigas cuando tienen ganas de sexo? Pues no esperan ni un minuto, sobre todo si van con su pareja. Por eso no es de extrañar que a una de ellas le surgió la necesidad en un centro comercial y no esperó ni siquiera a llegar al coche.

Como el lugar más apropiado era el servicio, se metieron en el de chicos y allí dieron rienda suelta a sus descontroladas e impacientes ansias sexuales. Pero claro, los ruidos propios de la situación no pasaron desapercibidas para los usuarios de este espacio público, así que pronto acudió un guardia de seguridad.

Entró en el servicio y comprobó, tras abrir la puerta del pequeño habitáculo en el que disfrutaba la pareja, que sus sospechas eran ciertas. Evidentemente, cerró la puerta de inmediato, pero la volvió a abrir para alertar a los protagonistas: “Estas cosas no se hacen aquí”, les espetó.

A los pocos segundos, tanto mi amiga como su impaciente pareja abandonaban el centro comercial con la cabeza agachada y haciéndose los avergonzados.

A otra de mis amigas le sorprendieron junto a su entregada pareja en otro lugar: en la habitación del hotel. Porque ellos estaban dispuestos a disfrutar de su pasión en un sitio íntimo… y no lo consiguieron.

Cuando estaban en plena agitación, una persona del servicio de limpieza entró en la habitación. MI amiga fue muy rápida, cogió las sábanas y se metió en el armario (sí, después salió de él, pero no de forma metafórica).

Mientras, el chico se quedó solo, desnudo sobre la cama, y gritando: “¡Estamos aquí, estamos aquí!” Todavía no tengo claro si lo que hacía era advertir al intruso o animarle a que se uniera a la fiesta.

Tengo otra amiga que decidió entregarse con su novio en el servicio del bar al que acudían cada fin de semana a tomar las primeras cervezas nocturnas. Allí donde todos los conocían. Por eso, cuando después de un buen rato en el que la pareja no salía, el dueño del bar les advirtió de que debían salir inmediatamente.

La atronadora ovación que ambos se llevaron fue prolongada durante varias semanas.

Lo más curioso es cuando esto ocurre en la casa del chico. A otra amiga le pasó algo así en el hogar de su conquista. En la habitación de los padres. Cuando estaban en pleno frenesí.

Menos mal que les dio tiempo a reaccionar y mi amiga salió rauda y veloz del dormitorio de sus suegros para poder meterse en la habitación del chico.

Pero la madre, que por regla general tienen copados los sentidos del sexto al vigésimo, la buscó y la encontró. Así que la halló debajo del escritorio de su hijo. Desnuda. Y avergonzada.

– Anda, hija, sal de ahí…

 

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El final infeliz

No voy a descubrir a estas alturas que a mis amigas les gusta mucho el sexo. Es algo evidente que se ha podido constatar en multitud de relatos. Por eso no es de extrañar que una de ellas decidiera ir a un festival erótico que se celebraba en su ciudad. Y encima acompañada sólo por hombres.

El día no podía ser más placentero, también para ella. Y es que aunque muchos de los espectáculos están destinados sólo para hombres, mi amiga no dejaba de observar con total atención a todos y cada uno de los espectáculos a los que asistía. Siempre se puede mejorar o copiar algo.

Tras uno de los números, mi amiga entabló conversación con uno de los actores, con el que no tuvo reparos en mostrar todas sus dudas sobre el noble arte del rodaje cinematográfico de cuatro o cinco rombos.

Pero la conversación fue a más y el profesional invitó a mi amiga a irse a un hotel y a dar rienda suelta a la pasión. En ese momento ella tuvo un ataque de debilidad y rechazó la oferta. “¿Y si no daba la talla?”, se justifica la que podría haberse sentido por un día una de las veneradas actrices de este género. O, mejor, olvidar por un momento a los amateurs y disfrutar por una noche de la primera división del placer.

Después de tanto sexo, visual, pero sexo al fin y al cabo, ella se fue del festival con sus acompañantes. Uno de ellos, uno de esos amigos con ventaja que acostumbran a tener mis amigas, se fue con la protagonista a casa para poner en práctica todo lo aprendido durante esa erótica jornada. O quizá para aliviar tanta tensión sexual acumulada.

Pero el día no pudo acabar peor. Porque después de tanta demostración sexual, el chico sólo pudo dedicar a mi amiga un minuto. ¿Y qué hizo ella? “Lo eché a la calle. Sólo un minuto…”, recuerda mi amiga todavía algo indignada.

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14.000 pesetas

Verano. Dícese de la época que mis amigas aprovechan para desinhibirse más aún de lo normal, si esto puede ser posible. Y como prefieren cambiar de lugar para así variar en sus conquistas, no es extraño que en muchas ocasiones hayan disfrutado de las vacaciones en pueblos de costa que bien podrían protagonizar algún programa en la MTV.

Algunas de ellas recuerdan con verdadero fervor el año en el que eligieron a sus respectivas víctimas entre un grupo de chicos que hasta entonces no conocían. Y es que aquel verano no quisieron que fuera aburrido.

Cuenta una de ellas que mientras estaba muy arrimada a uno de los chicos, en plena entrega, metió su mano en el bolsillo de él. “Para buscar el cigarro”, afirma ella. Pero no fue precisamente tabaco lo que encontró. Tampoco le dio tiempo a seguir investigando porque lo que sacó de allí apenas lo podía creer: el tanga de otra amiga.

¿Qué hacía allí? ¿Qué iba a hacer el chico con esa íntima prenda? ¿Por qué mi amiga conoce la ropa interior de la otra amiga? ¿Se quedó sin recambio la víctima del robo? ¿Encontró finalmente el cigarro? ¿A qué llama ella cigarro?

Son preguntas que se quedarán sin contestar, pero lo que está claro es que mis amigas no perdieron el tiempo aquel verano.

En otro momento de acción, una de ellas estaba con su chico, entregados a la pasión, cuando les sorprendió otra amiga. Evidentemente, mi amiga enseguida quiso irse de la habitación donde no debía haber entrado, y eso que los dos aún no habían ‘profundizado’. Pero la pareja pudo comprobar que la que había interrumpido la escena iba en ropa interior.

“Oye, que vas en sujetador por la casa…”. “Ah, es verdad, no me había dado cuenta”, dijo la olvidadiza, que tardó en reaccionar y comprender que era su famoso sujetador de las 14.000 pesetas, aquel que llevaba medio año diciendo que era el mejor que tenía (por su precio no podía ser menos) pero que jamás quería enseñar. Normal, era totalmente transparente…

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El percebe

Dicen los que saben de biología que el percebe es un molusco de pequeño tamaño que apenas se mueve y, por eso, está la mayoría de su vida adherido a alguna superficie.

Así llamaba mi amiga a uno de sus ligues. Y no precisamente porque el chico estuviera pegado a ella, ya que no quiso prolongar por mucho tiempo esa minirrelación (y nunca mejor dicho). Simplemente lo denominaba así porque la tenía pequeña.

Por eso no es raro que mis amigas pongan nombre a los instrumentos con los que ellas disfrutan, ya que son muy conocedoras de todas las posibilidades. “Yo podría hacer un anuncio de Coca Cola: para las finas, para las gordas, para las largas, para las cortas, para las de izquierdas, para las de derechas, para las alicaidas, para las calvas, para las morenas…”, explica otra

Y claro, cuando alguna vez se le pregunta con cuál se entretiene en ese momento, suele contestar: “Con cuáles, por favor, no me ofendas”.

Otra rememora su experiencia con un tamaño difícil para ella. O eso pensó a simple vista en el primer momento. “Nos pusimos al tema y pensé que eso no me cabía”, explica. “Pero sí”.

El chico, al parecer, estaba preocupado por ella porque no hacía más que gemir de forma escandalosa (ya está demostrado que a mis amigas eso se les da bien). “¿Estás bien?”, preguntaba él, por lo que ella apenas podía decir: “Sí, sí…”

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Sexo, suero y paracetamol

Con este título define mi amiga una experiencia que tuvo en un hospital cuando fue a visitar a un chico que estaba allí ingresado. Porque tal y como ella asegura, no es enfermera, sólo estaba de visita. Está claro, porque mis amigas que pertenecen al sector sanitario son unas profesionales, y aunque alguna alardea de tocar pitos cuando trabaja, lo hacen con mirada técnica…

El caso es que según cuenta la protagonista de este relato, fue a ver al chico, que llevaba mes y medio postrado en la cama. “Y las ganas apretaban”, asegura ella entendiendo las necesidades de todo aquel que pasa las horas en una cama de hospital. Así que cogieron el suero y demás artilugios que debían acompañar al enfermo y se fueron al baño.

Cuando terminaron de aliviar las ansias del paciente, ambos volvieron a la habitación y el chico se tumbó de nuevo, mientras mi amiga colocaba todo cuidadosamente en su sitio.

Pero al poco tiempo vino una enfermera y se extrañó del nivel del suero. “Esto tenía que durar hasta la noche y te lo has acabado ya”, dijo ella, mientras lo cambiaba, ante la cara de circunstancias de la satisfecha pareja.

¿Y qué había pasado para tal consumo de suero? “Mientras estábamos en plena faena, vimos que no caía nada y abrí la ruleta”, recuerda mi amiga, que en ese momento se había convertido también en la asistente sanitaria de su conquista.

Por eso cuenta que aquella experiencia fue “un chute de sexo, suero y paracetamol”. Son así mis amigas, no sólo exprimen a los chicos, sino que incluso algunos tienen que recibir ayuda extra.

Algo que, esperemos, no tuviera que ver nada con aquella canción de La Polla que hablaba de ‘Herpes, talco y tecno pop’…

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Marihuana

Era su cumpleaños y por eso pretendía que fuera un día muy especial. Eso es lo que recuerda mi amiga sobre una cita que fue histórica para ella. Para empezar porque era la primera vez que iba a fumar marihuana. Y claro, en eso basa todo lo que aquella noche ocurrió.

Mi amiga cumplía 18 años y lo iba a celebrar con una cena muy peculiar a la que había sido invitada. Y es que no sólo estaban algunas de sus amigas, también dos de sus profesoras. La de Matemáticas y la de Biología, para más señas.

Allí mi amiga empezó a cenar. Y a beber. Y a fumar. Esto último gracias a la plantación de maría que una de las profesoras y anfitriona de la velada tenía en su propia vivienda. Todo al alcance de la mano.

De hecho, la cena empezó a subir de temperatura no sólo por las sustancias que todas, mi amiga incluida, no dejaban de ingerir. También porque una de las profesoras tenía la habilidad de construir sus propios juguetes sexuales, en vez de acudir al sex shop de cabecera. “Le encantaba fabricar aparatos masturbadores”, asegura la protagonista.

De ahí que la cosa se fuera calentando poco a poco hasta que ocurrió lo que tenía que pasar. “Acabé en la cama con mis dos profesoras”, añade mi amiga, que insiste en que no es lesbiana.

“Lo que pasa es que ellas eran muy liberales, en el sentido amplio de la palabra”, añade para defenderlas y defenderse.

Así que sin duda tuvo tiempo de repasar todo lo que aquel curso había aprendido de primera mano, tanto en biología como en matemáticas. Aunque eso puede ser considerado como clases particulares…

Sin duda que su cumpleaños será siempre recordado no sólo porque se inició en el noble arte de fumar marihuana, sino también porque fue su primer trío. Y encima lésbico…

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Follatropas versus Mencantas

En una hipotética lucha entre las conquistas de mis amigas, se plantearía una gran batalla entre las dos grandes clases sociológicas que muchas de ellas se han encontrado a lo largo de su dilatada trayectoria sexual.

De un lado estarían los chicos que son como Follatropas, denominado así un amigo de una de ellas que recibió ese nombre porque se chuscaba a toda la que se pusiera por delante. “Incluida yo”, dice mi amiga. “Llevaba dos meses con él y me enteré de que se había calzado a la medio novia de un amigo. Así se supo todo”, relata la víctima de su víctima.

Del otro lado estaría el Mencantas. Este chico se caracteriza por ser todo lo contrario, un enamoradizo, fiel y romántico. Y claro, cuando el que recibió este nombre se encontró con una de mis amigas, la cosa no podía ir bien del todo. Y eso que ella le dijo varias veces que no quería nada de declaraciones amorosas. No fue suficiente, porque a cada poco él insistía: “Me encantas”.

Supongo que en esa batalla de superhéroes recibirían la ayuda de otros chicos que han tenido la suerte de disfrutar de mis amigas. Como el Pájaro Loco, aquel que, según ella, se pasaba el día “subiendo y bajando la cabeza mientras agujerea el árbol”.

No podría faltar el Bicis, que tuvo la ocurrencia de regalar a una de ellas una mountain bike aunque se habían liado unas pocas veces. Quizá quería aprovechar el tiempo al máximo para pasear por la naturaleza y, a lo mejor, hacer como el Pájaro Loco.

El más efectivo sería el Mochila, que tenía la ocurrencia de abrazar a mi amiga por la espalda y no la soltaba. Tanto que, al final, lo consiguió. Ahora están felizmente casados.

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“Me he follado a tu hermano”

Eso fue justamente lo que le dijo la protagonista de este relato a una amiga suya, después de que ambas se separaran durante horas y pese a que mi amiga era la invitada en la casa familiar. Es decir, donde también dormía el afortunado de esta historia.

Todo comenzó como empiezan muchas de las conquistas de mis amigas. Ella ya había visto la foto del hermano de la anfitriona y ya había decidido que ese fin de semana en el que iba a estar en su pueblo no se podía escapar. Por eso, cuando fueron presentados, el primer contacto visual vino a confirmar su plan.

Así que pasaron las horas y el trabajo fue tomando forma. Eso sí, después de que la anfitriona se fuera a casa y dejara a su hermano con mi amiga, solos, para que pudieran dar rienda suelta a su pasión. Evidentemente, no todo iba a ser felicidad, porque la excepcional borrachera que la protagonista llevaba aquella noche le impidió darse cuenta de la enorme herida que se hizo por culpa de la moto de su conquista.

Al final de la noche, qué curioso, llegaron los dos a la misma casa, la que compartían por unas horas. Por supuesto, después de darse una vuelta por el bonito campo que rodeaba al pueblo.

Mi amiga se fue sigilosamente a la habitación donde dormía, la de su anfitriona, y allí descansó plácidamente hasta la mañana siguiente. Cuando despertaron, fue el momento de decirlo: ”Me he follado a tu hermano”. “¡Qué asco, qué asco, no quiero saber nada!”, decía la otra chica, entre asustada y alarmada por la conexión familiar que se estaba produciendo.

La protagonista recuerda que era una sensación extraña liarse con aquel chaval. “Era como estar con mi amiga, porque se parecen mucho”. Sin comentarios…

Y como si se tratara de una pareja que decide comer juntos al día siguiente de su encuentro (sexual), mi amiga pudo disfrutar de la paella dominguera con el chico. Y la hermana, la madre, el padre…

Este último fue el que preguntó a su hijo / conquista de mi amiga: “¿Oye, no viene a comer tu novia?” Es obvio que mi amiga no sabía que simplemente había sido unos cuernos. Bien puestos… Así que se enfadó con él y no le volvió hablar. Y eso que él quiso despedirse de ella con un gran ramo de rosas en la estación cuando ya mi amiga se iba…

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La mantenida

Ella es una chica con suerte, no sé si porque se la ha buscado o porque nació de pie. El caso es que mi amiga es una mantenida. Sí, siempre lo ha sido y siempre lo será. Y está orgullosa de ello.

Durante toda su vida se ha rodeado de chicos que le pagaban todo, ya desde el colegio. Siempre con el afán de tener más de a lo que realmente podía aspirar, así que no dudaba en aprovecharse de todos los novios que tuvo, dispuestos en todo momento a invitarla desde a unas gominolas hasta una vida de lujo y tranquilidad alejada del duro trabajo diario.

Incluso una vez tuvo una amiga que estaba enamorada de ella. Y le daba sobres con dinero para que pudiera salir de fiesta aunque no fueran de bares juntas. Una Bárcenas en lo sexual, qué curioso.

Pero mi amiga dejó de pensar en meros caprichos y planificó su vida a lo grande, siendo una mantenida profesional. Así que cuando su novio le invitó a un viaje a un país asiático de vacaciones (no diré cuál es, pero está claro que es allí donde el sol nace), no dudó en irse con él, pese a que estaba a punto de dejarlo. “Ya lo haré a la vuelta”, pensó entonces.

No lo hizo, ya que el chico le pidió matrimonio. Y aceptó sin ningún problema. Todo para que pudiera seguir viviendo de él ya que está muy a gusto en su casa, con su dinero, sin preocuparse de otra cosa que no sea su cuidado personal.

Así que mi amiga se fue de despedida de soltera junto a sus colegas, tanto de su parte como del novio. Detalle éste muy importante, porque cuando se juntaron con otros chicos en una caseta de feria (sí, en esa famosa ciudad que en abril se dedica a beber rebujitos sin control), lo más que fue capaz de decir al joven que le estaba empezando a meter fichas fue: “No respondo de mis actos”.

Y vaya que no respondió, porque el destino se alió con su nula capacidad para dar un no por respuesta ya que la caseta se quedó momentáneamente sin luz. Y pasó lo que tenía que pasar.

Los efectos del rebujito se difuminaron al final de la jornada y, después de una noche en la que el alcohol nunca faltó, la conciencia llamó a mi amiga. Se derrumbó y se puso a llorar por lo grave de la situación: había perdido su iphone. Y era el quinto que le había regalado su novio, futuro marido y presente cornudo.

Un tiempo después mi amiga ha reflexionado y tiene todo más claro: la boda sigue en pie y, de vez en cuando, queda con su nuevo amor, pese a que tiene que atravesar media España para verlo.

¿Remordimientos de qué?

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