Los descampados

A mi amiga y su chico no le quedaba más remedio que tener que ir a un descampado para poder intimar. Así que cada vez que podían se iban en coche a ese sitio que ya habían encontrado como el ideal para sus cosas, sin que nadie les molestara.

Así sucedía muchos días, como aquel en el que ya estaban en plena acción y, de repente, se encendió la luz del coche. Pero ellos siguieron a lo suyo, porque habían tenido un golpe con el coche y de vez en cuando pasaban cosas así.

Pero no, no era un error electrónico del vehículo. Porque mientras mi amiga y su chico se lo pasaban en grande, vieron la cabeza de una persona que rápidamente abandonaba el coche. Los gritos y la confusión estuvieron evidentemente a la altura del susto.

Así que mientras mi amiga seguía gritando y buscaba su ropa, la que previamente había colocado en uno de los asientos perfectamente doblada (la que es ordenada, lo es en todas las circunstancias), el chico intentó salir detrás del ladrón. Ni uno ni otro logró su objetivo, así que la pareja volvió a casa indignada y desnuda.

Por este motivo, mi amiga no tuvo más remedio que decirle a sus padres que les habían robado al salir de una discoteca. Aunque luego terminó diciendo la verdad, porque no era muy creíble su excusa…

A otra le pasó algo parecido. Después de que “pasó todo lo que tenía que pasar”, arrancó el coche. Pero no funcionaba. Como si no hubiera nada de batería. Así que bajaron y comprobaron lo que sucedió: un charco bajo el depósito. Alguien les había roto el depósito, porque se veía incluso algún cable cortado.

Después, fue la madre del chico quien les fue a buscar. Vaya panorama se tuvo que encontrar la buena mujer…

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