Las fichas

En el noble arte del flirteo mis amigas también son especialistas. Y es que, además de follar, y mucho, ellas son las que meten fichas a los chicos (to hit on somebody, para el que quiera internacionalizarse). Y lo de meter fichas es literal…

Una de mis amigas tiene por costumbre dar una ficha, de las utilizadas para jugar al póker, a su víctima. Lo hace con tal maestría que asegura que no se le resiste nadie con este método. Aunque he de decir que miente, porque en una ocasión fui testigo de que un camarero la rechazó (la ficha y a ella) durante toda una noche…

Otra de mis amigas utilizó la misma técnica pero de una forma más abrupta: cogió unas cuantas fichas y se las tiró a un chico. Asombrado ante tal insistencia, él no pudo menos que rendirse ante ella.

Para sutilezas, las de otra de las habituales protagonistas de estos relatos. En sus tiempos jóvenes (y no tan jóvenes) solía arrinconar a su presa en una parte del bar o directamente abordarlo en la calle y obligar al chico a entrar en un local. Entonces, cuando estaba enfrente, y mirándole a los ojos como sólo ella puede hacerlo, le decía con su dulce voz: “¿Si me lanzo te quitas?”

Pero no todas son tan osadas, y muchas de mis amigas dicen que ellas no ligan, que les ligan. “Yo sólo sonrío, me muestro como soy”, dice una. “Me insinúo y luego son ellos los que me entran”, dice otra. “Lo que pasa es que somos muy facilonas”, explica una tercera, quizá la más sincera.

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