La píldora

Aquella noche mi amiga estaba radiante, eufórica, exultante. Era un frío sábado de diciembre, con algún grado bajo cero que no impedía que los bares estuvieran llenos. Eso lo sabía perfectamente ella, que se había preparado a conciencia para lo que iba a ser una noche inolvidable.

Tras recorrer varios bares de la ciudad, en una carrera contrarreloj buscando el mejor ambiente al menor precio antes del cierre de los locales, por fin llegó el momento más esperado de su entonces corta pero intensa vida. Porque mi amiga flirteaba con tres chicos a la vez, aunque nunca pensó que pudiera lograr su objetivo el mismo día. Hasta aquella noche.

Eran más de las cinco de la mañana y la discoteca ya estaba repleta de sedientos jóvenes dispuestos a quemar sus últimos y sanguinarios cartuchos, si antes la caza no se había resuelto a su favor. Mi amiga se traía ya la presa de uno de esos oscuros bares en los que los chupitos eran más baratos que una botella de agua. Por tanto, los primeros momentos los pasó con el chico elegido en primer lugar. Llamémosle Chico 1.

Esa discoteca era el lugar ideal para acometer su heroicidad. Varias plantas, diferentes salas y cientos de personas en cada espacio, en cada ambiente. Un sugerente escenario para que mi amiga se encontrara con otro amigo, en una barra alejada del Chico 1. Allí, su aparición empezó a ser el Chico 2.

En su afán por cumplir un hito en su vida, o quién sabe si lo que perseguía su subconsciente no era otra cosa que algún día ser protagonista de estas líneas, hizo que apareciera en otra de las salas. Y allí se encontró con otro amigo. Y allí esta nueva presa fue el Chico 3.

La historia previamente planeada por mi amiga ya se había cumplido. Tenía tres chicos estratégicamente colocados en tres salas diferentes de la misma discoteca, por lo que si era un poco hábil podía disfrutar de cada uno de ellos durante algunos minutos seguidos sin levantar sospechas. Y a mi amiga, que folla, y mucho, le sobra habilidad…

Todo era perfecto, porque los tres chicos disfrutaban. Y mi amiga también. Pero algo falló… El Chico 2 y el Chico 3 se encontraron. Y tomaron algo juntos. Y hablaron. Y se dieron cuenta de lo que estaban haciendo. Y se pegaron… La puerta de la discoteca se convirtió así en un ring con una lucha sin cuartel, donde las amenazas y los insultos se convirtieron pronto en empujones y golpes, con sangre en los rostros de ambos oponentes como símbolo del descalabro humano que ambos estaban protagonizando.

¿Y mi amiga? Mi amiga ya había huido de la discoteca y estaba a una buena distancia, ajena a las luchas de poder que el Chico 2 y el Chico 3 habían entablado por sus favores. Ella y el Chico 1 se habían alejado de la ciudad y disfrutaban retozando en el coche.

Mientras la sangre del Chico 2 y el Chico 3 ya se había derramado, mi amiga y el Chico 1 estaban totalmente entregados a la pasión que sólo se veía lastrada por las incomodidades de la parte trasera del coche y las altas horas de la madrugada, que soliviantan cuerpo y alma.

Entonces algo volvió a fallar. Un condón mal puesto, o mal utilizado, quizá por los vapores etílicos o por el cansancio. O simplemente mal fabricado. Más bien un descuido en el laberinto de pasión en el que ambos habían caído. El resultado fue una rotura. Y, por tanto, un problema para ambos, que fue solucionado en el hospital más cercano. Un final feliz para una noche que fue histórica.

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