La mantenida

Ella es una chica con suerte, no sé si porque se la ha buscado o porque nació de pie. El caso es que mi amiga es una mantenida. Sí, siempre lo ha sido y siempre lo será. Y está orgullosa de ello.

Durante toda su vida se ha rodeado de chicos que le pagaban todo, ya desde el colegio. Siempre con el afán de tener más de a lo que realmente podía aspirar, así que no dudaba en aprovecharse de todos los novios que tuvo, dispuestos en todo momento a invitarla desde a unas gominolas hasta una vida de lujo y tranquilidad alejada del duro trabajo diario.

Incluso una vez tuvo una amiga que estaba enamorada de ella. Y le daba sobres con dinero para que pudiera salir de fiesta aunque no fueran de bares juntas. Una Bárcenas en lo sexual, qué curioso.

Pero mi amiga dejó de pensar en meros caprichos y planificó su vida a lo grande, siendo una mantenida profesional. Así que cuando su novio le invitó a un viaje a un país asiático de vacaciones (no diré cuál es, pero está claro que es allí donde el sol nace), no dudó en irse con él, pese a que estaba a punto de dejarlo. “Ya lo haré a la vuelta”, pensó entonces.

No lo hizo, ya que el chico le pidió matrimonio. Y aceptó sin ningún problema. Todo para que pudiera seguir viviendo de él ya que está muy a gusto en su casa, con su dinero, sin preocuparse de otra cosa que no sea su cuidado personal.

Así que mi amiga se fue de despedida de soltera junto a sus colegas, tanto de su parte como del novio. Detalle éste muy importante, porque cuando se juntaron con otros chicos en una caseta de feria (sí, en esa famosa ciudad que en abril se dedica a beber rebujitos sin control), lo más que fue capaz de decir al joven que le estaba empezando a meter fichas fue: “No respondo de mis actos”.

Y vaya que no respondió, porque el destino se alió con su nula capacidad para dar un no por respuesta ya que la caseta se quedó momentáneamente sin luz. Y pasó lo que tenía que pasar.

Los efectos del rebujito se difuminaron al final de la jornada y, después de una noche en la que el alcohol nunca faltó, la conciencia llamó a mi amiga. Se derrumbó y se puso a llorar por lo grave de la situación: había perdido su iphone. Y era el quinto que le había regalado su novio, futuro marido y presente cornudo.

Un tiempo después mi amiga ha reflexionado y tiene todo más claro: la boda sigue en pie y, de vez en cuando, queda con su nuevo amor, pese a que tiene que atravesar media España para verlo.

¿Remordimientos de qué?

Esta entrada fue publicada en Mis amigas follan. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *