Está de-vuelta

Tendidos en la cama después de una noche entera de alcohol y pasión, mi amiga y su chico conversaban tranquilamente a la vez que recuperaban fuerzas. Mientras calculaban lo mucho que habían bebido, ella se acordó de que se había pasado con la ingesta.

“Fui a vomitar en el segundo bar”, aseguró ante el asombro de él. “¿Pero has devuelto antes de liarte conmigo?”, fue la respuesta del chico, que a estas alturas empezaba a sentir que las copas le subían por la garganta. “Tranquilo, que me enjuagué la boca”, sentenció mi amiga, que como todas las que protagonizan estos relatos, folla, y mucho. Pero también beben…

La combinación de sexo y alcohol es algo muy habitual entre los jóvenes, por lo que no podía ser menos entre mis amigas. A otra de ellas le pasó algo similar, aunque en esta ocasión fue la víctima.

Cuando estaba con su chico a punto de consumar, ya en la habitación con todo dispuesto, se dieron cuenta de que no tenían condones. Un mal menor tal y como se desarrolló la noche. En ese momento, él se fue al cuarto de baño.

Pasaron varios minutos, casi media hora, y el chico no aparecía. Mi amiga se empezaba a preocupar, porque no daba señales de vida (y porque se había quedado con las ganas de todo y no estaba dispuesta a acabar así la noche).

Cuando llevaba cerca de una hora esperando, llamó a la puerta del baño y por fin obtuvo respuesta. El chico se mostró tremendamente enfadado: “¡No ves que estoy malísimo, que me he emborrachado, casi me muero en el servicio y no has hecho nada por mí!”. Mi amiga no se podía creer lo que estaba oyendo, porque ella también había bebido mucho, pero no hasta ese punto. Y entonces dijo él que se iba a su casa, por lo que allí se quedó la pobre chica sola y abandonada.

Su sorpresa fue mayor cuando entró al servicio y vio que el chico había vomitado no sólo en el wáter, sino también por toda la bañera. Y por si mi amiga se iba a enfadar con él por ser tan sucio, fue él el que no le habló durante meses por no interesarse por su mal estado.

Quizá la palma se la llevó otra de mis amigas. Era nochevieja, la primera que iba a pasar con su chico en su piso. Así que ese día había elegido su mejor vestido para la ocasión.

Tras varias horas de bares, decidieron irse a casa, donde siguieron tomando alguna copa más. Pero mi amiga no aguantó ese volumen de alcohol y vomitó. No en el servicio, ni siquiera en la bañera, sino que fue más educada: devolvió todo lo ingerido sobre ella misma, por lo que su vestido se llevó la mejor parte.

Por este motivo, no tuvo más remedio que ponerse el abrigo y, de vuelta a casa, llevar en la mano la prenda devuelta…

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