El patio de mi casa es…

Todo parecía perfecto para dos de mis amigas cuando se quedaron una noche de fiesta con dos chicos a los que habían conocido aquel día. Una de ellas ya había intimado con uno, así que eso estaba predestinado a que fueran dos parejas. Y más teniendo en cuenta que estaban de vacaciones y habían ido a la playa a… tomar el sol, seguro.

Pero no, nada de eso. Porque la que aún no había intimado se puso muy tozuda y no quería nada con el chico. Daba igual que se fuera a quedar sin pillar mientras su amiga se entregaba a su conquista. Tampoco le importó que el chico insistiera una y otra vez. Ni siquiera que tuvieran que quedarse durante más de una hora fuera de la casa donde ambas se alojaban aquellos días.

Porque la no-pareja aguardó pacientemente a que la otra amiga y su chico se lo pasaran en grande en la casa de una sola habitación que habían alquilado ambas. Allí estaban los dos, sentados en el patio; ella jugando con el móvil, alegando un resfriado para no querer saber nada del chico; él, intentando sacar conversación para alegrar la velada, consciente ya de que no tenía nada que hacer con mi amiga.

Cuando ya llevaban más de una hora esperando, la soltera ya no podía aguantar más y empezó a gritar a la que se lo estaba pasando muy bien.

– Oyeeee, ¿te queda muchooooo?

El silencio era la única respuesta, aunque media hora después la amiga contestó: “Ya hemos acabado, podéis entrar”. Así que la no-pareja pudo finalizar su angustiosa espera, con lo que los chicos se fueron por un lado y mis amigas se pudieron dormir a gusto.

Tiempo después, la que había pillado terminaría reconociendo el motivo por el cual no respondía al auxilio de la que esperaba en el patio: “Es que tenía la boca llena”.

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