El helicóptero

Allí estaba mi amiga, en plena excitación sexual, disfrutando de su última conquista cuando ocurrió algo que hacía mucho que no le sucedía: su maltrecha muñeca volvía a reclamar su atención con una nueva lesión, algo ya crónico para ella.

Y es que según asegura mi amiga, le suele pasar cada cierto tiempo: se le abre la muñeca con cualquier movimiento por leve que sea. Pero claro, si ese giro del brazo se produce cuando está con un chico, sobre la cama… pues es más fácil que se genere la lesión, sean como sean los precedentes.

Ante el dolor que experimentó en el momento, no le quedó más remedio que llamar a Urgencias, porque no sólo le afectaba a la muñeca, sino que era incapaz de mover el brazo, por lo que una ambulancia se personó en el lugar de los hechos. Los movimientos de mis amigas siempre son desmedidos…

De esta forma, los técnicos sanitarios se encontraron con una chica postrada en su cama (imagino que convenientemente adecentada), un chico que no sabía dónde meterse ante el giro (y nunca mejor dicho) que los acontecimientos estaban tomando y un gato que seguía siendo testigo de todo lo que ocurría, impasible como buen felino.

Una vez recuperada, los hábitos de mi amiga no cambiaron mucho en el fondo, pero sí en la forma. Del chico no volvió a saber nada. Y aunque con el brazo totalmente escayolado, ella seguía pillando siempre que podía. Para ello, se colocaba encima del chico y movía su parte herida como si de una hélice se tratara y toda ella fuera un helicóptero.

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