El carrito de la compra

Las fechas navideñas son muy especiales también para mis amigas. Y no por la Nochevieja, una jornada de la que poco recuerdan por lo que apenas hay relatos, sino porque los regalos que reciben o dan siempre son muy llamativos. Como aquella vez que un chico eligió para Reyes un polo de 100 euros. Ella se hizo la sorprendida y, poco después, se lo dio a su madre para que hiciera trapos. Nunca lo estrenó.

Mejor le vino a otra amiga el regalo que su novio le hizo, justo cuando coincidía que él se iba varios meses fuera de España: un consolador. “Con pilas y muy grande”, tal y como ella no duda en describir. Sobre su uso sólo ha trascendido que lo guarda en una caja de zapatos y que en una mudanza su padre la cogió para llevarla a la nueva vivienda. Mi amiga se quedó sin garganta al gritarle que dejara esa caja. El miedo en los ojos todavía lo muestra cuando rememora ese momento.

El enfado le dura todavía a otra amiga cuyo novio decidió hacer un regalo que ella jamás olvidará: un carrito de la compra, ideal para guardar hortalizas, pan, naranjas, embutido, carne fresca… Creo que ella no supo apreciar el interés de su novio por evitar problemas de espalda. Y él… sin comentarios.

A otra de mis amigas le regalaron un unicornio de peluche. Rosa y con motivos dorados, concretamente. Quizá su enamorado lo eligió porque ella es dulce y cariñosa como el mítico equino. O quizá lo que él quería expresar era una sutil metáfora: no existen (ni chicas así ni los unicornios).

“A mí un día me regalaron seis morcillas de León. Esa noche comí siete”, recuerda con ardor otra de las agraciadas por obsequios que pueden ser atractivos y útiles. Lo de ardor no sé si es por lo ardiente que es ella o por las consecuencias para su estómago.

Pero para sutileza y utilidad está otra amiga, que decidió hacer un presente que nunca olvidará su entonces novio. “Él cumplía 18 años y le regalé una caja de preservativos”, explica ella. Pero no todo iba a ser felicidad. “A los dos días me dejó y conmigo no los usó”. Mis amigas imponen. Y mucho.

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